CAPÍTULO — EL SÍ QUE NO ERA UN SÍ…
En el comedor iluminado por las velas, el silencio se volvió espeso cuando Ayden deslizó el anillo en el dedo de Milagros.
Sus manos temblaban —las de él por emoción, las de ella por nervios— y aun así el anillo encajó como si hubiera esperado ese lugar toda la vida.
Un segundo después, Fabián Castell sonrió con tanta fuerza que hasta Isabel lo miró con un “¿ves? Yo sabía”.
El abuelo, con ojos brillosos, señaló con el pulgar hacia arriba, orgulloso, em