Por Gonzalo
La desnudé rápido, quería corroborar que ella era mía, que su piel me pertenecía, que seguía teniéndola a mis pies.
Me volví egoísta con ella.
La quiero tener muerta por mí y sin embargo no voy a ofrecerle más que mi cuerpo en este momento.
Le recorrí con mi boca todo el cuerpo, me alimentaría sólo de su piel.
La excitación le ganó a mi cansancio, no quería dejar de besarla, hasta que me di cuenta que si no la penetraba, moría en ese instante, tal era el fuego que sentía por ella.