Gonzalo
Estaba desesperado, tocaba el timbre y no atendían, de pronto parecía un loco, no despegué el dedo del timbre, hasta que mi padre agarró mi mano, con la otra mano comencé a golpear la puerta y a llamar, a los gritos a Aby, le gritaba que la amaba.
Mi padre me miraba, asombrado por mi actitud.
No soy un hombre al que puedan manejar, eso se lo dejé bien en claro a mi madre.
De pronto se abrió la puerta y una señora que no conocía, me dejó el pasar, yo vislumbre a Aby, me abalancé hacía el