Capítulo 18. Cuando las matemáticas fallan.
“…Estábamos esperando en el área de atención al cliente cuando de pronto vi a un sobrecargo traer en brazos a una hermosa beba, la que me pareció, según ni inexistente y corta experiencia con esos monstruos infantiles, que no tendría más de año y medio. En ese instante a Talía se le llenaron los ojos de lágrimas, para simplemente correr a cargarla, a la par que la colmaba de besos... «Tranquila, mujer, tus labios son míos», dejé que mis egoísmos y miedos se apoderaran de mi celosa mente… «¿Quié