Doble Venganza (Gemelos Muster)
Doble Venganza (Gemelos Muster)
Por: Valkyria Wolf
prólogo

-Ni en mis peores pesadillas imagine esto, ¡No lo puedo creer! - lanzó al aire con evidente disgusto -Confiaba en ti, di todo de mí en esta relación para que funcionara ¡Maldita sea!, soy tan… tan estúpida. Esto me pasa por no ver que era lo que estaba pasando-

-No es lo que imaginas, ¡Nada de lo que tus ojos ven es cierto!, Estas equivocada, solo déjame explicarte- pidió desesperado frente a la mirada atónita de la mujer ante la situación que se desarrollaba -Una conversación resolverá todo esto, siempre lo hace, dame un momento te pido por favor-

Pero nada de lo que pudiera salir de su boca podría ni mínimamente explicar tal escena, ninguna palabra podría reflejar la situación a la perfección. Él, recostado en su cama, junto a una delgada y pequeña mujer de cabello castaño y ojos oscuros como la noche, ambos desnudos torpemente cubiertos por su edredón suizo.

El hombre se levantó trastabillando de la cama, intentando recoger algunas de sus prendas para tapar su desnudez y a la vez tratando a toda costa de impedir que la mujer recién llegada se fuera de la habitación, pero las palabras sobraban entre los dos, no había necesidad de ser adivino para saber la respuesta ¡La había engañado de la más vil manera!, pero él no se iba a rendir.

En su intento de retenerla fijo sus dedos en su brazo, enterrándolos, aferrándose a ella para que no se fuera. Lo que no esperaba era la reacción de la fémina, quien se dio la vuelta con la cólera a flor de piel, brindándole una fuerte y sonora bofetada que lo dejó sentado con los ojos bien abiertos. Estaba conmocionado, ella nunca se había comportado de esa forma tan… tan…

Sin mediar palabra, la mujer se dio la vuelta abriendo la puerta y retirándose de la habitación con premura. Avanzó con rapidez hasta llegar a su vehículo, el cual encendió con furia y aceleró a fondo al ver salir al hombre a medio vestir desde dentro de la vivienda.

-¡Ann!- Gritó al aire batiendo sus brazos erráticamente, pero ella ya se había marchado. Él no merecía un segundo más de su tiempo.

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