Los días eran fríos, aunque todo a su alrededor era relajante, otra cosa era lo que vivía en su interior, su cuerpo se había rendido a todo lo que estaba atravesando.
De los paisajes blancos que vio al llegar a este lugar, poco quedaba... La soledad reinaba, y aunque escucha una o dos voces, se recordaba que no había compañía más real que la que crecía en su vientre.
Su panza lucia hinchada, el movimiento de la criatura la enternecía de formas inimaginables, adoraba sentirle, no había imaginado