La mañana siguiente no fue diferente.
Eso era lo que Renata notó primero cuando se levantó a las siete y fue a la cocina y el café ya estaba en la taza de la derecha a la temperatura correcta.
El café de siempre. La planta de bambú que necesitaba agua. El cuaderno de campo sobre la mesa. El lápiz 4H al lado.
Las cosas ordinarias, exactamente en su lugar, exactamente como habían estado desde la primera semana en el apartamento nuevo.
Lo que había cambiado era únicamente que ahora tenía nombre lo