¿Quién era?
Natalia abrió los ojos y levantó la mirada.
Se encontró con un par de ojos oscuros que desbordaban furia.
Era Diego.
¿Él la había detenido?
¿Por qué?
—Te rompes la cabeza y luego, en cuanto amanezca, vas a llorarle a la abuela, ¿cierto? —La voz de Diego era densa y sombría—. Natalia, ¡qué buena eres para hacerte la víctima!
Su agarre era tan potente que ella sintió que sus huesos estaban a punto de quebrarse.
—No buscaré a la abuela. Solo quiero salvar a Isaac.
—Y si te ve herida y e