—¿Bien? —Diego ladeó la cabeza, recorriendo con la mirada la galería hecha un desastre, con el proceso de remodelación a medias, el polvo volando por doquier y todo sucio y descuidado—. Natalia, ¿a esto le llamas estar bien? ¿Me vas a decir que esto es mejor que tu vida como mi esposa?
Lanzó las tres preguntas una tras otra, con sarcasmo.
Para él, Natalia solo estaba aparentando fortaleza.
Creía que ella presumía de éxito y superación, cuando en realidad, bastaba con que él le dijera una palab