Le dolía todo el cuerpo.
En ese momento, Natalia no podía distinguir qué parte de su ser sufría más. Se limitó a mirar en silencio a Diego.
La reacción de él fue más rápida; le sujetó el dorso de la mano, le arrancó la aguja de un tirón y presionó el botón de emergencia para llamar al médico.
El doctor llegó de inmediato.
El ambiente en la habitación era silencioso y opresivo, casi siniestro.
Nadie decía una palabra.
El médico, con la cabeza baja, volvió a canalizar a Natalia y le ajustó el