Un golpe de realidad.
Dylan estaba besando a Judith y ella de manera torpe le correspondía, pero él aún estaba a la espera de que ella lo empujara por el pecho. Apasionadamente, la tenía empotrada a la pared de su recámara, creando una llave sobre ella; ya que con una mano apresaba su nuca como si no fuera a dejarla y con la otra rodeaba su cintura de manera posesiva y mientras le comía los labios dándole chupetones y mordiscos, le preguntaba aún incrédulo:
—¿No estás bromeando?
Sus labios solo le daban tregua cuand