Besos apasionados.
Dylan encontró consuelo en las palabras de Judith, y se abrazaron con fuerza, aferrándose el uno al otro como un refugio en medio de la tormenta.
Cómo la luna y el sol; tan distintos e iguales a su vez, pero necesarios el uno para el otro; así son ellos, se miraron fijamente a los ojos y de repente todo se quedó en un segundo plano, empezaron a desearse y la excitación se instaló entre ellos.
Dylan no pudo controlar sus impulsos, y apretando el cuerpo de Judith dejó que sintiera como lo ponía