A la mañana siguiente, a las ocho en punto, la casa de la familia Daryl tenía un aire distinto. Desde que se despertó, Aurora no había dejado de preguntar.
—Papá, ¿la tía Lilian y Gabriel de verdad van a venir, verdad? —dijo mientras corría dando pequeños saltos hacia la sala de estar.
—Sí, cariño —respondió Daryl con paciencia—. Pero debes tener calma. Llegarán en cualquier momento.
Aurora sonrió de oreja a oreja y abrazó con fuerza a su conejo de peluche.
—Quiero mostrarles los juguetes nuevo