Margaret conocía a la perfección los métodos de Lucien, y sabía que no iba a descansar hasta encontrarla. Tomó un taxi hacia el hotel en donde se estaba quedando, y sin pensarlo dos veces, respondió su mensaje con la dirección de este.
Era mejor hacerlo de esa manera, y no que un despliegue de hombres y guardaespaldas de su exesposo, hicieran un escándalo por toda la ciudad buscándola.
Respiró profundamente y se sentó a esperar, no pasaron ni siquiera veinte minutos, cuando la perilla de su ha