Lucien, resopló al sentir como Lorain se descontrolaba y aclaró su garganta.
—Ultima vez, Shaira, discúlpate con Lorain.
Por un momento, el silencio fue tan denso que ni las respiraciones se oían. Margaret lo miró, incrédula, con los labios entreabiertos y el corazón latiéndole con una furia intensa. Luego, una risa amarga y seca, escapó de su garganta.
—Vaya —susurró con sarcasmo, negando lentamente—. Justo lo que esperaba de ti.
La tensión acumulada le apretaba el pecho, y de pronto, una ole