Lorain no había olvidado ni un solo detalle de los últimos días. Cada mirada, cada palabra que Lucien dedicaba a Margaret se clavaba en ella como una espina.
Era consciente de que él aún la vigilaba, aún la seguía con la mirada cuando creía que nadie lo notaba. Esa sombra invisible entre ambos la enloquecía.
Así que aquella entrada al baño no fue una coincidencia. No había ningún collar perdido. Solo el deseo visceral de enfrentarla… y, si era posible, destruirla.
Margaret lo entendió en cuant