Los días comenzaron a confundirse unos con otros hasta volverse indistinguibles.
Al principio, Margaret había intentado contarlos. Marcaba pequeñas líneas invisibles con la uña sobre la pared junto a la cama, repitiéndose cada mañana que no debía perder la noción del tiempo, que mantener la mente ocupada era la única forma de no volverse loca. Pero el yate nunca se detenía, las cortinas permanecían cerradas la mayor parte del tiempo y el acceso al exterior le era negado casi siempre. La luz art