Margaret volvió a tomar el teléfono sin pedir disculpas, girando apenas la silla para dar la espalda a Lucien. Su voz cambió de inmediato: Era toda una profesional y así mismo respondía ante sus obligaciones. De repente, ella ignoró por completo el hecho de que él estuviera ahí.
Lucien sintió cómo algo le ardía en el pecho.
Su respiración se volvió más pesada, su pecho subía y bajaba. Los músculos de su mandíbula se tensaron y los nudillos se le pusieron blancos al cerrar las manos. La observab