Dos días después, Lucien estaba en el hospital, con Celeste acurrucada sobre su hombro. La enfermera, lo miró divertida al notar como él tenía los ojos aguados mientras consolaba a su pequeña por el pinchazo de las vacunas.
—Calma mi amor, no llores más, solo fue un pinchazo. —Lucien parpadeó rápido para no soltar una lagrima nostálgica, y la enfermera en medio de una risita burlona, le entregó una formula.
—Tranquilo señor, es normal la reacción de la pequeña ante las vacunas, es solo una bebé