Lucien volvió al día siguiente, era sorprendente como llegaba con una gran sonrisa en su rostro, el día anterior había sido un completo desafío, pero no se imaginaba que ese iba a ser un tantito peor, sin embargo, no se rindió, se trataba de su hija y de Margaret, así que volvió otra vez.
Y al siguiente día también.
Llegaba temprano, con el café en mano, saludaba a las empleadas con una sonrisa educada y se dirigía directo hacia Celeste, que parecía reconocerlo incluso antes de abrir los ojos.