CAPÍTULO 131

Mérida se marchó esa misma tarde.

No sin antes dejar sobre la mesa del comedor una hoja cuidadosamente escrita a mano, llena de indicaciones, horarios, comidas y todo lo relacionado con el cuidado y atención de la pequeña Celeste. Margaret la leyó de reojo mientras ayudaba a su madre a cerrar la maleta.

—Aquí está todo —dijo Mérida, señalando el papel—. Las tomas, las papillas, el camb

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