La jornada había sido más larga de lo habitual. Cuando Margaret por fin cerró la carpeta frente a ella, sintió cómo el cansancio le caía encima de golpe. Se recostó apenas en el respaldo de la silla y dejó escapar un suspiro contenido. Había logrado avanzar … incluso soportar la visita inesperada de Lucien sin perder el control. Eso ya era una victoria en sí misma.
—Elize —dijo, poniéndose de pie—. Programa para mañana la reunión que quedó aplazada hoy. Déjala a primera hora, por favor.
Elize levantó la vista de su Tablet y asintió de inmediato.
—Ya lo anoto —respondió con eficiencia—. ¿Algo más?
Margaret tomó su bolso del respaldo de la silla y, al colgárselo del hombro, una idea la golpeó con fuerza.
Se quedó inmóvil un segundo.
—¡Carajo…! —murmuró.
Elize frunció el ceño.
—¿Ocurre algo?
—No traje el auto —dijo Margaret, cerrando los ojos un instante—. Tendré que tomar un taxi esta tarde.
Elize sonrió con ligereza.
—Si quiere, la acompaño hasta la avenida principal. Ya casi es hora p