Margaret se quedó en silencio, observando cómo la mujer desaparecía entre la multitud del salón sin volver la vista atrás. No hubo satisfacción inmediata en la victoria, ni un alivio pleno. Solo una calma extraña, tensa. Algo había cambiado, y lo sabía, desde ese momento todo lo que había logrado pendía de un hilo, y aunque eso la ponía nerviosa, no se asustaba.
A su lado, Elize negó lentamente con la cabeza, todavía procesando lo ocurrido. Se inclinó hacia ella, con el ceño fruncido.
—¿Qué fu