Hacía apenas unos días que Shaira se había despedido de Margaret cuando regresó resignada a su trabajo. Caminó por el pasillo alfombrado, sintiendo que el fastidio le recorría por su ser. Sabía perfectamente por qué la habían llamado: su jefe había recibido la orden de despedirla. O al menos eso imaginaba. Desde que se atrevió a enfrentar a Lorain delante de todos, había asumido que el poderoso Lucien querría vengarse de ella como fuera.
«Que lo intente», pensó mientras empujaba la puerta de la