Durante los días siguientes, Shaira comenzó a sentir que su vida se había convertido en una rutina absurda diseñada por un niño rico caprichoso. Brandon aparecía en los momentos más inesperados, empeñado en demostrarle que tenía más dinero, más influencia, más… lo que fuera. Ella ya ni siquiera entendía esa manía que él había creado por querer sorprenderla.
Un día la llevó casi a rastras a una subasta solo para mostrarle cómo levantaba la paleta sin mirar el precio.
Otro día la llamó para que