04

El teléfono de la mansión comenzó a sonar una vez más.

Sarah dejó la caja que estaba ordenando y contestó.

—Residencia Callahan.

—¿Sarah? Soy Kate.

—Buenos días, señora Reynolds.

—No tienen nada de buenos. Llevo cuatro días llamando a Victoria. La llamé a la casa, al celular... incluso le dejé mensajes. ¿Qué está pasando? Dime la verdad.

Sarah guardó silencio.

—Señora...

—Sarah, te conozco desde hace años. Si no puedes hablar, al menos no me mientas.

La empleada suspiró.

—No sé si debería decir algo...

—Está bien, no digas nada.

Kate colgó.

Algo iba muy mal.

Sin perder un segundo, marcó otro número.

—¿Margaret?

—Hola, Kate.

—He estado llamando a Victoria desde hace días y no responde. Sarah tampoco quiere decirme qué ocurre. ¿Sabes algo?

Margaret dudó unos instantes.

—No mucho. Marley casi no ha estado en casa por el trabajo. Lo único que me dijo fue que Ethan está de viaje...

Kate esperó.

—¿Y?

—Y que, al parecer, los rumores son ciertos.

Kate sintió un nudo en el estómago.

—Entiendo.

Colgó sin añadir una palabra más.

Cinco minutos después, ya conducía rumbo a Beverly Hills.

Sarah terminaba de guardar los últimos libros de la oficina de Ethan en una caja cuando sonó el timbre.

Al abrir la puerta, encontró a Kate de pie, con gafas de sol y el gesto endurecido.

—Señora Reynolds...

Kate entró sin esperar invitación.

Su mirada recorrió el vestíbulo hasta detenerse en las cajas apiladas.

—¿Qué significa todo esto?

Sarah bajó la cabeza.

—Son las pertenencias del señor Callahan.

Kate frunció el ceño.

—¿Las está sacando de la casa?

—El señor llamó hace unos días. Me pidió que empacara todas sus cosas. Ya no vive aquí.

Kate sintió un vuelco en el pecho.

—¿Dónde está Victoria?

—En su habitación.

—¿Desde cuándo?

—Desde que el señor se fue. Apenas ha salido. No come... casi no duerme... y no quiere hablar con nadie.

Kate apretó los labios.

—¿Por qué no llamaste a alguien?

Los ojos de Sarah se llenaron de lágrimas.

—Lo intenté, señora. Pero la señora Victoria me pidió que no avisara a nadie.

Kate no respondió.

Subió las escaleras casi corriendo.

—¡Victoria!

No obtuvo respuesta.

Golpeó la puerta con fuerza.

—¡Victoria! ¡Soy yo! ¡Abre la puerta!

---

Dentro del dormitorio, Victoria acababa de salir del baño.

Se observó en el espejo.

Tenía el rostro pálido, los ojos hinchados y profundas ojeras que jamás había tenido.

Apenas se reconocía.

Se echó agua fría en la cara y tomó una toalla para secarse cuando escuchó los gritos desde el otro lado de la puerta.

—¡Victoria! ¡Abre!

Reconocería esa voz en cualquier lugar.

Su corazón dio un vuelco.

—¿Kate...?

Corrió hasta la puerta y giró el picaporte.

En cuanto la abrió, Kate la vio.

Durante unos segundos ninguna de las dos habló.

Victoria estaba demacrada.

Kate sintió que se le partía el corazón.

Sin decir una sola palabra, la abrazó con todas sus fuerzas.

Kate la abrazó con fuerza.

Victoria rompió a llorar sobre su hombro.

Durante varios minutos no pudo pronunciar una sola palabra.

Kate la ayudó a sentarse en la cama y le alcanzó un vaso de agua.

—Respira... estoy aquí.

Victoria intentó serenarse.

—Se fue, Kate...

Su voz apenas era un susurro.

—Entró a la cocina, dejó unos papeles sobre la mesa y me dijo que quería el divorcio. Pensé que era una broma... después creí que estaba pasando por una crisis. Incluso le propuse ir a terapia.

Las lágrimas volvieron a brotar.

—No quiso escucharme. Dijo que ya no me amaba... y se fue.

Kate permaneció en silencio.

Victoria continuó hablando, como si necesitara vaciar todo lo que llevaba dentro.

—Pero estoy segura de que va a volver.

Kate la miró con atención.

—Victoria...

—Lo conozco desde hace dieciocho años. Está confundido. Siempre ha sido impulsivo cuando está bajo presión. Todo esto del nuevo contrato... el estrés... seguro necesitaba alejarse unos días para pensar.

Intentó sonreír.

—Ya verás. Va a regresar. Cuando se calme, hablaremos. Siempre hemos solucionado nuestros problemas hablando.

Kate sintió un profundo dolor al escucharla.

Bajó la mirada unos segundos.

No quería destruir la última esperanza de su amiga.

Pero tampoco podía seguir viviendo en una mentira.

—Victoria...

Ella levantó la vista.

—Hay algo que debes saber.

—¿Qué ocurre?

Kate sacó lentamente su teléfono.

Abrió una página de noticias de espectáculos y se lo tendió.

—Hace dos días publicaron esto.

Victoria tomó el teléfono.

Leyó el titular.

"El productor Ethan Callahan confirma su divorcio tras dos años de crisis matrimonial."

Frunció el ceño.

Comenzó a leer el comunicado.

"Después de dos años intentando salvar nuestro matrimonio mediante terapia de pareja y tras vivir separados durante los últimos seis meses, Victoria Hayes y yo hemos decidido iniciar de mutuo acuerdo el proceso de divorcio. Agradecemos el respeto y la comprensión durante este momento tan personal."

Victoria dejó de leer.

Su respiración comenzó a acelerarse.

—¿Qué... qué es esto?

Kate tomó su mano.

—Es el comunicado oficial que envió su agente de prensa.

Victoria negó con la cabeza.

—No...

Volvió a leer el texto una segunda vez.

—Dice que llevábamos dos años en crisis...

Su voz comenzó a quebrarse.

—Dice que hicimos terapia...

Las lágrimas resbalaron por sus mejillas.

—Dice que llevábamos seis meses separados...

Levantó la vista hacia Kate.

—¡Eso es mentira!

Kate asintió lentamente.

—Lo sé.

Victoria se puso de pie de golpe.

—¡Es mentira! ¡Dormimos juntos hace cinco noches! ¡Celebramos mi cumpleaños! ¡Bailamos delante de más de cincuenta personas! ¡Sus padres estuvieron aquí! ¡Nada de eso es cierto!.Tus nos viste.

Su voz terminó convirtiéndose en un grito desesperado.

—¡Jamás hicimos terapia! ¡Nunca vivimos separados! ¡Nunca hablamos de divorciarnos!

Kate se levantó y volvió a abrazarla.

Victoria comenzó a llorar con una desesperación que ya no podía contener.

—¿Por qué haría algo así?

Kate cerró los ojos.

Conocía demasiado bien el mundo de Hollywood, ya había rumores.

—Porque quiere proteger su imagen.

Victoria levantó lentamente la cabeza.

Kate la miró con tristeza antes de pronunciar las palabras que terminarían de romperle el corazón.

—Si la prensa cree que ustedes llevaban años separados y que el matrimonio estaba acabado, cuando aparezca con otra mujer nadie lo señalará como un hombre infiel... creerán que simplemente volvió a enamorarse...

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