Divorciada del Magnate de Hollywood
Divorciada del Magnate de Hollywood
Por: Eliza Marquez
01

Recién comenzaba a amanecer cuando Victoria Hayes se levantó a preparar el desayuno era sábado, esa noche festejaría junto a su esposo Ethan

Había sido afortunada de conocer a Ethan.

Ambos estudiaban en la University of Southern California (USC).

Victoria cursaba Producción Audiovisual y Escritura para Televisión.

Ethan estudiaba Guion y Dirección.

Se conocieron una noche en la biblioteca. Ethan estaba frustrado porque un profesor había rechazado el guion en el que llevaba meses trabajando.

Victoria, sin conocerlo, le pidió permiso para leerlo.

Después de terminarlo, le dijo con total sinceridad:

—La idea es brillante... pero los personajes no tienen alma.

Le explicó durante horas cómo mejorar la historia.

Ethan presentó la nueva versión al concurso de la universidad.

Ganó.

Desde entonces comenzó a pedirle opinión sobre cada uno de sus proyectos.

Primero fueron compañeros, luego mejores amigos y finalmente se enamoraron.

Victoria observó las rosas blancas y las hortensias que cuidaba con esmero brillaban cubiertas por el rocío de la mañana, mientras una suave brisa hacía danzar las lavandas que bordeaban el sendero de piedra. A lo lejos, las colinas de Los Ángeles comenzaban a despertar bajo un cielo completamente despejado.

Se sentía la mujer más afortunada del mundo.

Tenía un esposo al que amaba profundamente, un hogar que habían construido juntos y una vida que muchos envidiaban. Esa noche cumpliría treinta y siete años, y Ethan insistía en organizar una celebración inolvidable.

—Buenos días, cariño.

La voz grave de Ethan la sacó de sus pensamientos.

Victoria se volvió con una sonrisa.

—Buenos días. Pensé que dormirías un poco más.

Se acercó para dejar un beso sobre sus labios.

—Voy a servirte el café.

—Gracias.

Ethan tomó asiento en la isla de mármol de la cocina mientras revisaba algunos documentos en su tableta.

Vestía ropa deportiva, pero aun así irradiaba la seguridad de un hombre acostumbrado al éxito. A sus cuarenta y dos años era uno de los productores más influyentes de Hollywood y ese mismo día firmaría el contrato más importante de toda su carrera.

—Tengo que pasar por la productora para revisar unos contratos —comentó sin apartar la vista de la pantalla—. Estaré de regreso en unas tres horas.

Victoria dejó la taza frente a él.

—Perfecto.

Ethan levantó la mirada y sonrió apenas.

—No olvides buscar mi traje para esta noche.

—Ya está listo. También el mío.

—Sabía que podía confiar en ti.

Victoria sonrió con dulzura.

Después de dieciocho años juntos y quince de matrimonio, conocía cada uno de los gustos y costumbres de su esposo. Habían recorrido un largo camino desde aquel pequeño apartamento donde apenas podían pagar el alquiler hasta convertirse en una de las parejas más admiradas de Hollywood.

Aquella noche no solo celebrarían su cumpleaños.

También brindarían por la nominacion que Ethan habia por la exitosa serie que lo había convertido en una leyenda de la televisión y por el contrato multimillonario que firmaria ese día y aseguraría su futuro.

—¿A qué hora colocarán el mobiliario para esta noche? —preguntó Ethan mientras tomaba un sorbo de café.

—Alrededor de las once —respondió Victoria, sirviéndole el desayuno.

—¿A qué hora llegan mis padres desde Nueva York?

—Por la tarde. Iré personalmente a recogerlos al aeropuerto.

—Perfecto.

Victoria sonrió.

—También preparé la habitación de invitados y confirmé sus pasajes de regreso para el domingo.

Ethan asintió con satisfacción.

Victoria era una excelente esposa: organizada, atenta y siempre pendiente de cada detalle. La vida junto a ella era sencilla y predecible. Después de dieciocho años juntos y quince de matrimonio, se consideraba un hombre afortunado. Se llevaban bien y esa noche celebrarían por todo lo alto el cumpleaños de Victoria y el mayor logro de su carrera. Más de cincuenta invitados asistirían a la fiesta.

—Te veré más tarde —dijo, depositando un beso en la mejilla de su esposa antes de marcharse.

Pocos segundos después, el rugido del motor de su deportivo anunció su salida rumbo a la productora.

---

Victoria terminó su desayuno y tomó la lista de pendientes.

Era mucho más larga de lo que habría deseado.

Debía pasar por el vino, recoger algunos arreglos florales, supervisar el servicio de catering y recibir a la empresa encargada de montar el mobiliario para la fiesta.

Miró el reloj.

Si no se apresuraba, no estaría de regreso antes de las once, y eso pondría de muy mal humor a Ethan.

Subió a la habitación principal, se cambió de ropa y eligió un pantalón de lino color marfil, una blusa azul claro y unos zapatos bajos y cómodos.

Antes de salir, se observó unos segundos frente al espejo.

Su largo cabello castaño caía hasta la cintura. Siempre lo llevaba recogido en un elegante moño, pero ese día sintió el impulso de hacer algo diferente.

Entró en la peluquería y, después de unos minutos de duda, tomó una decisión.

—Córtelo por encima de los hombros.

Cuando el estilista terminó, Victoria apenas se reconoció. El nuevo corte enmarcaba su rostro y le daba un aspecto más fresco y juvenil.

Sonrió.

Era un pequeño cambio, pero le hacía ilusión sorprender a Ethan esa noche.

---

Mientras tanto, Ethan se encontraba en su oficina revisando un documento.

—Pensé que hoy no trabajarías. ¿No tienes una fiesta que organizar? —comentó Marley, su mejor amigo y socio.

—Técnicamente no estoy trabajando. Solo vine por un documento que preparó mi abogado. Además, Victoria se está ocupando de toda la organización.

Marley notó la tensión en el rostro de su amigo.

—¿Está todo bien? Te veo preocupado.

Ethan guardó silencio unos segundos antes de extenderle la carpeta.

—Léelo.

Marley la abrió y, a medida que avanzaba, su expresión fue cambiando hasta convertirse en absoluta sorpresa.

—¿Estás seguro de esto? Pensé que habías desistido... Creí que habías decidido terminar con esa historia.

Ethan apoyó los codos sobre el escritorio.

—También lo pensé. De hecho, lo intenté. Pero ya no puedo seguir fingiendo. Esta semana tomé la decisión definitiva. Incluso ordené que prepararan la casa de Malibú.

Marley negó lentamente con la cabeza.

—No te juzgo. Eres mi amigo y siempre tendrás mi apoyo. Pero también le tengo cariño a Victoria. La conozco desde hace dieciocho años. Es una gran mujer.

Hizo una breve pausa antes de añadir:

—Si ya habías tomado esta decisión, debiste cancelar la fiesta de cumpleaños.

Ethan desvió la mirada.

—No quería arruinarle el día.

—¿Y cuándo piensas decírselo?

—Mañana por la noche.

Marley cerró la carpeta con pesar.

—Ojalá no termines arrepintiéndote.

Ethan se puso de pie.

—Revisa que todo esté listo para la firma de esta tarde. Yo debo regresar a casa.

---

Eran las diez y media de la mañana cuando Ethan entró al garaje de la mansión.

Frunció el ceño al notar que el automóvil de Victoria no estaba.

Entró a la cocina.

—¿Dónde está la señora? —preguntó.

—Fue al estilista y a buscar el vino, señor. Todavía no ha regresado —respondió Sarah, la empleada doméstica.

Ethan soltó un suspiro.

No podía creer que Victoria hubiera olvidado que debía supervisar personalmente el montaje de la fiesta.

Mientras marcaba su número, escuchó el sonido de un automóvil entrando por el camino principal.

Levantó la vista y vio el vehículo detenerse frente a la casa.

Guardó el teléfono.

Un minuto después, Victoria entró en la cocina.

—Ya estoy aquí. Sarah, por favor, ayúdame a bajar las cajas del coche.

Luego miró a Ethan.

—Lo siento. La peluquería tardó más de lo que esperaba.

Ethan la observó durante unos segundos.

—Te cortaste el cabello.

Victoria sonrió, algo nerviosa.

—¿Te gusta?

Él asintió.

—Sí... te queda muy bien.

La sonrisa de Victoria se hizo más amplia.

—Me alegra que te guste. Ahora iré al jardín para supervisar que todo quede perfecto.

Desde la ventana de su despacho, Ethan la observó dirigir a los empleados que montaban el escenario, la pista de baile, las mesas y la decoración. Como siempre, cuidaba cada detalle para que la celebración fuera impecable.

Entonces su teléfono vibró.

Desbloqueó la pantalla y leyó el mensaje.

«Me habría encantado estrenar el vestido contigo.»

Sin poder evitarlo, una sonrisa se dibujó en sus labios.

Eran las tres de la tarde cuando el avión procedente de Nueva York finalmente aterrizó.

Victoria aguardaba en la zona de llegadas. En cuanto vio aparecer a Susan y David Callahan, sonrió y caminó hacia ellos.

—¡Susan! ¡Bienvenidos!

Su suegra la abrazó con afecto.

—Hola, querida. Feliz cumpleaños.

—Gracias.

Luego saludó a David con otro abrazo.

—Me alegra verlos.

—A nosotros también, hija —respondió él con una sonrisa.

Mientras caminaban hacia el estacionamiento con las maletas, David miró a su alrededor.

—Pensé que Ethan vendría contigo.

—Tenía una reunión muy importante en la productora.

David arqueó una ceja.

—¿Una reunión?

Victoria sonrió con discreción.

—Sí, pero prefiero que sea él quien les cuente la noticia.

Susan intercambió una mirada con su esposo antes de volver a hablar.

—La única noticia que realmente me haría feliz es que voy a ser abuela. No sé qué tanto esperan. Ya no eres una jovencita, Victoria.

Ella sonrió con cierta timidez.

Era una conversación que había tenido muchas veces con Ethan.

Siempre había un motivo para esperar.

Primero debía vender una serie. Después conseguir una renovación. Luego firmar el siguiente proyecto. Más tarde comprar la casa de Beverly Hills. Después vendría otro contrato...

Según Ethan, un hijo cambiaría demasiado su estilo de vida y ese no era el momento adecuado.

Sin embargo, Victoria conservaba la esperanza de que todo cambiara después de la firma de aquel nuevo contrato. Quizá, ahora que había alcanzado la cima de su carrera, él por fin quisiera formar la familia que tantas veces le había prometido.

—¿Y tus padres? ¿No vendrán? —preguntó David.

Victoria negó con la cabeza.

—Mamá detesta volar y papá no consiguió permiso en el trabajo.

No añadió nada más.

La realidad era que, desde hacía algún tiempo, la relación entre sus padres y Ethan se había vuelto distante. Ellos consideraban que el éxito lo había convertido en un hombre demasiado superficial y ambicioso.

—Por cierto —dijo Susan, observándola con atención—, ese corte de cabello te queda precioso. Te hace ver más joven.

Victoria sonrió, agradecida.

—Gracias. Quería sorprender a Ethan.

Los tres subieron al automóvil y emprendieron el camino de regreso a la mansión.

Mientras tanto, al otro lado de la ciudad, Ethan Callahan entraba en una elegante sala de juntas acompañado por Marley y los ejecutivos de una de las mayores compañías de entretenimiento del mundo.

Sobre la mesa lo esperaba el contrato que cambiaría su carrera para siempre.

Era el acuerdo más importante de su vida.

Victoria acompañó personalmente a sus suegros hasta la habitación de invitados. Después de asegurarse de que estuvieran cómodos, ayudó a Susan a deshacer la pequeña maleta que habían llevado para el fin de semana.

—Me habría encantado que se quedaran unos días más —comentó Victoria mientras acomodaba algunas prendas en el armario.

Sonreía con sinceridad. Siempre había sentido un profundo cariño por Susan y David. Desde el primer día la habían tratado como una hija.

Susan suspiró.

—David debe hacerse unos estudios el martes. Además, Ethan me comentó que pronto saldrá de viaje.

—Sí. Ya está preparando su nuevo proyecto. Creo que utilizarán unos estudios de grabación en Vancouver, al menos para los primeros capítulos.

Susan negó con la cabeza con una sonrisa llena de ternura.

—Mi Ethan siempre ha sido un obsesivo con su trabajo.

Victoria rio por lo bajo.

—Es cierto... pero esa dedicación es parte de lo que lo ha llevado tan lejos.

Una vez que todo estuvo en orden, salió de la habitación para continuar con los preparativos de la fiesta.

Dos horas después, Ethan Callahan regresó a la mansión.

Encontró a sus padres en la sala y los saludó con un cálido abrazo.

—Me alegra que hayan podido venir.

Luego les contó la noticia que llevaba esperando compartir durante semanas: acababa de firmar el contrato más importante de toda su carrera.

David lo felicitó con orgullo, Susan no ocultó las lágrimas de emoción y Victoria sirvió cuatro copas de champán.

—Por este nuevo comienzo —dijo ella, levantando su copa.

Las copas chocaron con un suave tintineo.

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