Al caer la noche, la mansión lucía espectacular.
El jardín estaba completamente iluminado con cientos de luces cálidas que envolvían los árboles y los senderos de piedra. Las mesas, elegantemente decoradas con arreglos florales blancos y dorados, rodeaban una amplia pista de baile. Al fondo, una banda interpretaba suaves melodías clásicas mientras los camareros recorrían el lugar ofreciendo copas de champán y delicados bocadillos.
Los invitados comenzaron a llegar uno tras otro.
Actores, directores, productores, ejecutivos y reconocidas figuras de la industria cinematográfica llenaban el jardín con conversaciones y risas.
Marley apareció acompañado de su esposa, Margaret.
—¡Ethan! Felicidades por el contrato —dijo Margaret con entusiasmo—. ¿Dónde está Victoria?
Marley estrechó la mano de su socio.
—También quiero felicitar a la cumpleañera.
Ethan sonrió.
—Está terminando de arreglarse. Ya saben cómo es... se ocupó personalmente de cada detalle hasta el último momento.
Margaret soltó una pequeña risa.
—Como siempre. Por eso nadie organiza una fiesta como Victoria.
—Pónganse cómodos. Enseguida los alcanzo.
Ethan continuó recibiendo a los invitados.
Instintivamente miró la hora en su Rolex.
En ese momento escuchó varias voces detrás de él.
Se volvió.
Victoria acababa de bajar la escalinata que conducía al jardín.
Por un instante, el murmullo de la fiesta pareció desaparecer.
Llevaba un elegante vestido color champán que realzaba su figura. La cintura ceñida resaltaba su silueta y las delicadas mangas de encaje aportaban un aire de sofisticación. Su nuevo corte de cabello enmarcaba su rostro con naturalidad, haciéndola lucir radiante.
Victoria le sonrió mientras se acercaba.
—Lo siento, me demoré un poco.
Ethan la observó unos segundos antes de responder.
—Te ves muy hermosa.
Ella sonrió, complacida.
—Gracias... Tú también estás muy guapo.
Juntos continuaron dando la bienvenida a los invitados.
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Más tarde, cuando todos habían llegado, Ethan tomó el micrófono.
Agradeció la presencia de familiares, amigos y colegas. Habló del contrato que acababa de firmar y del entusiasmo que sentía por la nueva etapa de su carrera.
Finalmente levantó su copa hacia Victoria.
—Y esta noche también celebramos el cumpleaños de la mujer que ha estado a mi lado durante todos estos años. Feliz cumpleaños, Victoria.
Los presentes respondieron con un fuerte aplauso.
La fiesta continuó entre conversaciones, brindis y música.
Los camareros servían la cena mientras las risas llenaban el jardín.
Ethan se acercó a Victoria y le tendió la mano.
—¿Me concedes este baile?
Ella aceptó sin dudar.
Él la condujo hasta el centro de la pista.
Los primeros acordes de "Unchained Melody" comenzaron a sonar.
Victoria apoyó la cabeza sobre el hombro de Ethan mientras él la abrazaba con suavidad.
Bailaron como si el resto del mundo hubiera desaparecido.
Cuando la canción terminó, los fotógrafos aprovecharon el momento.
Victoria y Ethan sonrieron a las cámaras, convencidos de que aquella sería una de las noches más felices de sus vidas.
Scarlett Collins recorría descalza la lujosa casa de Malibú que Ethan le había regalado.
Tenía veintitrés años y sentía que, por fin, había dejado atrás los años de privaciones. Medía apenas un metro sesenta, pero su figura curvilínea, su largo cabello rubio natural y sus intensos ojos azules la convertían en una de las mujeres más fotografiadas de Hollywood.
Era la actriz del momento.
En unas horas, todo el mundo sabría que ella era la nueva mujer de Ethan Callahan. Y no solo eso: también sería la protagonista de la serie más ambiciosa de su carrera.
Sonrió.
Él se lo había prometido.
Al principio, Scarlett solo se había acercado a Ethan por conveniencia. Salir con el productor más poderoso de Hollywood podía abrirle todas las puertas de la industria. Sin embargo, con el paso de los meses, terminó enamorándose de él.
¿Y cómo no hacerlo?
Ethan era atractivo, seguro de sí mismo y ejercía un magnetismo difícil de ignorar. Acostumbrado a conseguir todo lo que deseaba, la hacía sentir el centro de su mundo.
Seis meses antes habían terminado su relación.
Scarlett se había cansado de escuchar promesas vacías y había decidido alejarse.
Pero Ethan regresó.
La buscó una y otra vez hasta convencerla de darle una segunda oportunidad.
Ella solo puso una condición.
—No volveré contigo hasta que dejes a tu esposa.
Él aceptó sin dudar.
Como prueba de que cumpliría su palabra, le entregó las llaves de aquella casa frente al mar.
Scarlett estaba convencida de que, antes de que terminara el día, Ethan llegaría para comenzar una nueva vida junto a ella.
Aun así, sabía que las próximas horas serían decisivas.
Conocía el enorme respeto que Ethan sentía por Victoria. Después de tantos años de matrimonio, una parte de él podía echarse atrás en el último momento.
Por eso, aquella tarde salió de compras.
Eligió el vestido más elegante que encontró y un delicado conjunto de lencería que pensaba estrenar esa misma noche.
De regreso en la casa, se soltó el cabello, se colocó frente al espejo de cuerpo entero y tomó varias fotografías con su teléfono.
Escogió la que más favorecía su figura y se la envió a Ethan con una breve sonrisa dibujándose en sus labios.
Quizá ella no tenía quince años de historia junto a él.
No era la esposa perfecta ni la mujer que había estado a su lado mientras el construia su carrera.
Pero estaba decidida a luchar por el lugar que quería ocupar en la vida de Ethan Callahan.
La fiesta había terminado.
Los últimos invitados se habían marchado hacía más de una hora y la mansión, que durante toda la noche había estado llena de música y risas, ahora permanecía en absoluto silencio.
Victoria estaba sentada frente al tocador de su habitación, quitándose lentamente los pendientes y el collar que había llevado durante la celebración.
—Ha salido todo bastante bien —comentó con una sonrisa satisfecha.
A unos metros de ella, Ethan permanecía sentado al borde de la cama, observando discretamente las fotografías que Scarlett le había enviado minutos antes. Una leve sonrisa apareció en sus labios antes de bloquear la pantalla del teléfono.
—Siempre consigues que todo salga perfecto... o casi.
Victoria levantó una ceja.
—¿"O casi"?
—¿Recuerdas nuestra primera navidad? —preguntó él, soltando una carcajada.
Ella también comenzó a reír.
—¿Jamás vas a dejar que olvide esa comida completamente quemado? Pasé tanta vergüenza...
—En aquel diminuto apartamento pensé que ibas a abandonarme.
Victoria negó con la cabeza, divertida.
—La verdad... alguna vez lo pensé. Hacía un frío terrible por las noches y apenas teníamos dinero para pagar el alquiler. Pero si regresaba a casa, mi padre no habría perdido la oportunidad de decirme: "Te lo advertí".
Ambos rieron con complicidad.
Eran recuerdos de una época difícil, pero también de los años en los que habían sido verdaderamente felices.
Ethan apagó el teléfono y la observó durante unos segundos.
—Gracias por creer en mí.
Victoria le dedicó una mirada llena de ternura.
—Nunca dudé de ti.
Ethan se dirigió al baño y, minutos después, entró al vestidor para ponerse el pijama.
Al levantar la vista hacia el espejo, una incómoda sensación se apoderó de él.
Ya había tomado una decisión.
Solo tenía que cumplirla.
Entonces Victoria entró en el vestidor. Se quitó los zapatos de tacón y buscó un camisón en el armario.
—¿Te ocurre algo? —preguntó mientras doblaba cuidadosamente el vestido—. Desde hace unos días te noto muy pensativo.
Ethan evitó mirarla.
—No... solo estoy cansado.
—Han sido semanas muy intensas. Has trabajado demasiado.
Se acercó a él con una sonrisa.
—¿Qué te parece si este fin de semana nos escapamos? Tú puedes jugar al golf y yo me quedaré leyendo un buen libro junto a la piscina. Hace mucho que no pasamos tiempo juntos.
Aquellas palabras hicieron que Ethan sintiera un nudo en el pecho.
Se acercó lentamente y depositó un beso sobre sus labios.
Al día siguiente, después del almuerzo, Susan y David regresaron a Nueva York.
Victoria los acompañó hasta el aeropuerto y volvió a casa convencida de que Ethan pasaría la tarde con unos viejos amigos jugando al póker, como le había dicho antes de salir.
Pero Ethan no se dirigía al club.
Condujo directamente hasta la casa de Malibú.
Al llegar, encontró todas las luces apagadas.
Frunció el ceño.
Apenas abrió la puerta, el suave resplandor de decenas de velas iluminó el interior. Sobre el suelo, pequeñas velas formaban un sendero que conducía hacia la terraza. Una melodía romántica sonaba a bajo volumen, mezclándose con el rumor de las olas.
Ethan siguió el camino.
Al llegar al jacuzzi la vio.
Scarlett estaba de pie junto al agua, con una sensual bata de seda que se movía suavemente con la brisa del mar. Sobre una pequeña mesa descansaban una botella de su vino favorito y dos copas de cristal.
Ella sonrió al verlo.
—Pensé que tardarías más.
—No podía faltar.
Scarlett dio un paso hacia él.
—¿Cómo salió la fiesta?
Ethan guardó silencio durante unos segundos.
—Perfecta... como todo lo que organiza Victoria.
La sonrisa de Scarlett se desvaneció apenas un instante.
—Entonces... ¿ya lo hiciste?
Ethan sostuvo su mirada.
—Mañana hablaré con ella.
Scarlett respiró aliviada y tomó su mano.
—Esta vez quiero creer que cumplirás tu promesa.
— Lo hare.
— Llevo horas esperandote dijo ella mientras abría su bata de seda y la dejaba caer a sus pies, Ethan observó el diminuto juego de lencería de encaje rojo solo tapaba lo esencial.
—Pues aquí estoy dijo él
—Te dije que quería estrenarlo contigo, se acercó a él y comenzó a desvestirlo.
Él la beso apasionadamente y una vez desnudo se adentró al jacuzzi tomado de su mano y le hizo el amor.
Esa noche entrada la madrugada cuando regreso a su casa, Ethan se dirigió a la cocina por agua, luego subió a la habitación, Victoria dormía.
Al día siguiente, Victoria despertó al amanecer, como era su costumbre.
Se duchó, se vistió con ropa cómoda y bajó a la cocina para preparar el desayuno.
Cuando salió con una bandeja de café recién hecho, encontró a Ethan de pie en el comedor. Vestía un traje oscuro y sostenía una carpeta entre las manos. Sobre el suelo, junto a la puerta, descansaba una valija.
Victoria frunció el ceño.
—Buenos días, cariño. Justo iba a buscarte. ¿Te encuentras bien?
Ethan levantó la vista.
—Sí... Necesito que hablemos. Siéntate, por favor.
El tono de su voz era demasiado serio.
Victoria dejó la bandeja sobre la mesa y, antes de tomar asiento, volvió a mirar la valija.
—¿Te vas de viaje? No me dijiste que tenías que salir tan pronto.
Ethan respiró hondo.
—De eso quiero hablar.
Abrió la carpeta y la deslizó lentamente hacia ella.
—Me voy, Victoria.
Ella bajó la mirada y leyó el título del documento.
Solicitud de divorcio.
Sintió que el mundo se detenía.
—Estos son los papeles del divorcio. Léelos y fírmalos cuando puedas.
Victoria soltó una pequeña risa nerviosa.
—Si esto es una broma... no tiene ninguna gracia.
Pero al levantar la vista encontró unos ojos fríos, completamente ajenos.
Entonces comprendió que hablaba en serio.
El color desapareció de su rostro.
—Ethan... en unos días cumplimos nuestro aniversario de bodas. No puedes estar diciendo esto.
—Es una decisión tomada. Sé que ahora no lo entiendes, pero con el tiempo lo aceptarás.
Señaló la carpeta.
—Quiero vender la casa. Mi abogado se encargará de todo y recibirás una pensión.
Victoria negó una y otra vez con la cabeza.
—¿Qué tengo que entender? Si hice algo que te molestó, dímelo. Lo solucionaré. Prometo que voy a cambiar, pero no me hagas esto.
—No se trata de eso.
—Entonces, ¿de qué se trata?
Ethan guardó silencio unos segundos.
—Simplemente ya no soy feliz. Nada de lo que digas o hagas cambiará mi decisión.
Victoria lo miró como si estuviera frente a un desconocido.
Las lágrimas comenzaron a acumularse en sus ojos.
—Hace unas horas hicimos el amor... No puedes decirme que todo estaba tan mal. Si es necesario, iremos a terapia. Podemos viajar, empezar de nuevo... lo que tú quieras.
Ethan negó con la cabeza.
—No voy a hacer terapia.
Cerró la carpeta y tomó su bolso.
—Vendré durante la semana a buscar el resto de mis cosas.
Se inclinó para levantar la valija.
Victoria reaccionó de inmediato.
Corrió hasta la puerta y se interpuso en su camino.
—Ethan, por favor... espera. Hablemos. No puedes destruir dieciocho años de nuestra vida de un momento a otro.
Él evitó mirarla.
—Esto no tiene solución.
—¡Claro que la tiene! Solo dime qué está pasando.
Por primera vez, Ethan perdió la calma.
La apartó suavemente para poder avanzar y, sin medir el daño que causarían sus palabras, gritó:
—¡ Es que no te quiero, Victoria!
El silencio que siguió fue devastador.
Victoria quedó inmóvil.
Sintió que el aire abandonaba sus pulmones.
Observó a Ethan cruzar la puerta principal con la valija en la mano.
Segundos después escuchó el motor del automóvil alejarse.
Solo entonces sus piernas dejaron de sostenerla.
Cayó de rodillas sobre el suelo de mármol, abrazando la carpeta del divorcio contra su pecho mientras las lágrimas comenzaban a caer sin control.
La vida que había construido durante dieciocho años acababa de derrumbarse en apenas unos minutos.