Aimar sintió que el tiempo retrocedía tres años en un segundo.
Se acercaron y se abrazaron con fuerza.
El silencio ya no era triste. Era cargado de memorias.
-Pensé que te habías ido del país. -dijo Aimar, aún con las manos en los hombros de su amiga.
-Y yo que tú habías rehecho tu vida... -respondió Aitiana, mirándola con detenimiento.
-Pero no tienes cara de estar bien.
La pregunta quedó suspendida.
Aimar desvió la mirada.
Aitiana frunció el ceño.
-¿Qué haces aquí, Aimar? No es precisamente