Una mesa con documentos abiertos. Una laptop encendida. Dos teléfonos móviles.
Siempre trabajando. Siempre negociando. Incluso ahora.
—¿Acaso sabes por qué escapé de Francia? —preguntó ella sin rodeos.
Él suspiró.
—Olivia—
—Soy tu hija, padre. —lo interrumpió—Estoy apelando a esa parte que sé… está en algún rincón de ese corazón.
Él la observó con una mezcla de incomodidad y control.
—No exageres.
—¿Exagero? —sus ojos brillaron.
—Me estás obligando a casarme con un hombre al que no amo.
Louis