Hubo un silencio corto, contenido.
Olí colgó la llamada, apoyó la espalda contra la pared.
Las puertas se abrieron veinte minutos después que parecieron eternos.
Una doctora salió, retirándose los guantes.
—¿Familiares de Eloísa?
Ambas se acercaron.
—Presenta síntomas de amenaza de aborto. El cuello uterino está ligeramente dilatado y el sangrado es importante, pero aún hay latido fetal.
Olí sintió que el aire volvía a sus pulmones.
—¿Entonces…?
—No podemos asegurar nada todavía. Necesitamos es