Un acuerdo silencioso de verdad compartida.
—Ahora, iré con el padre Ricardo. Necesito que sepa mi decisión.
Olí lo miró y sonrió.
—Ve Claudio. Ya esperé el tiempo necesario, unas horas más. Serán solo segundos. —dijo ella deseando correr y colgar se de su cuello y probar aunque sea un beso. De esos que había imaginado tantas veces.
Afuera, el pueblo despertaba del todo. Las campanas comenzaron a sonar, no como advertencia ni como mandato, sino como un recordatorio.
La vida seguía.
Y esta vez,