capitulo 12

Olí también miraba el cielo.

Sentada en la terraza, con las piernas recogidas y una taza de té que ya se había enfriado, seguía con la vista el lento movimiento de las nubes. Había aprendido a quedarse quieta, a no pedir respuestas inmediatas. A aceptar que algunas verdades llegan cuando una deja de forzarlas.

Pensó en Claudio sin querer pensarlo. O tal vez queriéndolo un poco.

No lo recordó como sacerdote, ni como ausencia, ni como aquello que no podía ser. Lo recordó humano. Incómodo. Callado
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