La cocina de la casa amaneció envuelta en un aroma intenso a café requemado y pan tostado de más. Eloisa entró bostezando, con el cabello recogido de cualquier manera y una expresión de 'sobreviví, pero no me pidan entusiasmo'.
Doña Olga estaba de espaldas, removiendo algo en la olla con una energía que no coincidía con la hora.
—¿Ese café está vivo o intenta vengarse de alguien? —preguntó Eloisa, apoyándose en el marco de la puerta.
—El café no se queja. —respondió Olga sin girarse.
—Pero la g