[ZAED]
Cuando la puerta se cierra detrás de Luan, siento que Alya se desploma por dentro. No físicamente al principio… pero lo veo. Lo siento. Es como si el mundo le arrancara algo vital. Se queda de pie, inmóvil, mirando al vacío. Su respiración se corta. Sus manos tiemblan.
La llamo con suavidad:
—Alya… ven aquí, amor.
Pero ella no reacciona. No oye. O sí oye, pero no puede moverse. Doy dos pasos hacia ella justo cuando su cuerpo por fin cede. La agarro antes de que caiga. Su pecho sube y baja en espasmos irregulares.
—Ey, ey, estoy aquí. Respira conmigo.
Pero no puede. Está en shock. Está rota.
La llevo hasta el sofá, tan despacio como si fuera cristal. La arropo con la manta. Tomo sus manos. Están heladas.
—Todo lo que sientes es válido —le digo, tratando de sostenerla—. Te arrancaron un pilar. El único que te quedaba. Pero no está perdido, Alya.
Ella levanta la mirada. Y verla así es una puñalada limpia al alma.
—No sé cómo volver a mirarlo —susurra—. Él cree que lo traicioné…
La