[ALYA]
Cuando la puerta se cierra detrás de Luan, siento que una parte de mí se arranca con él. No gritó. No insultó. No golpeó nada.
Solo dijo esa frase, apenas un susurro, pero tan afilada como una cuchilla:
“No hay familia que vuelva a recibirte.”
Me quedo paralizada. Ni siquiera puedo respirar. Siento el aire congelado en mis pulmones, inmóvil, pesado, imposible de tragar.
Zaed se acerca despacio. Siento su mano rozando mi brazo, con un cuidado casi reverente.
—Alya… ven aquí.
No puedo.
No