[ALYA]
Cuando la puerta se cierra detrás de Luan, siento que una parte de mí se arranca con él. No gritó. No insultó. No golpeó nada.
Solo dijo esa frase, apenas un susurro, pero tan afilada como una cuchilla:
“No hay familia que vuelva a recibirte.”
Me quedo paralizada. Ni siquiera puedo respirar. Siento el aire congelado en mis pulmones, inmóvil, pesado, imposible de tragar.
Zaed se acerca despacio. Siento su mano rozando mi brazo, con un cuidado casi reverente.
—Alya… ven aquí.
No puedo.
No puedo moverme. Mis piernas son dos columnas vacías, ajenas, como si no me pertenecieran. Mi garganta es un nudo brutal que me corta la voz.
Y cuando finalmente doy un paso hacia él… El mundo entero se me viene encima.
El suelo tiembla, se dobla bajo mis pies. Mi visión se oscurece. Una presión dura, cruel, se cierra entre mi pecho y mi estómago. Y el grito que siento subir no llega a salir.
Zaed me atrapa antes de que caiga.
—Ey, ey… tranquila, amor. Estoy contigo.
Pero no estoy tranquila. Ni pu