[ZAED]
El día despierta sin pedir permiso. La luz entra desde la ventana como una caricia tibia, suavizando los bordes del dormitorio y pintando de dorado la piel de Alya, que duerme acurrucada contra mí. Su respiración es un vaivén lento. Su cabello está esparcido sobre mi pecho, y el anillo que brilla en su mano se convierte en la primera estrella del amanecer.
Sé que podría quedarme así para siempre. Aquí, donde nada duele, donde nada pesa, donde nada nos persigue.
Pero el mundo no se detien