[ZAED]
El día avanza lento, pesado, como si el aire de Miami hubiera decidido convertirse en una condena. No he podido concentrarme en nada. La conversación con Alya me persigue, su mirada, sus manos temblando cuando me contó lo que Donato le confesó.
Todo encaja ahora: la historia, el odio, el accidente, el silencio. Y a pesar de saberlo todo, la herida sigue abierta.
Estoy en mi despacho, frente a los ventanales que dan al puerto, cuando la puerta se abre sin aviso. El golpe resuena fuerte. M