[ZAED]
El café sigue siendo un refugio seguro, escondido entre calles laterales que apenas reciben tráfico. Nadie podría imaginar que aquí, entre mesas de madera y luces cálidas, se encuentra la hija de Donato Marchesi con el hombre que cambió su vida cinco años atrás.
Alya me mira con ojos que lo dicen todo: deseo contenido, rabia silenciosa y dolor que aún no ha sanado. Me duele verla así, a la defensiva, como si quisiera levantar un muro entre nosotros y yo no supiera cómo derribarlo.
—Alya…