Inicio / Romance / Devorada por Papá (libro tabú erótico) / Capítulo 2: El Castigo del Silencio
Capítulo 2: El Castigo del Silencio

​—Pequeña Lara, ¿entonces qué quieres de cumpleaños? —Sus palabras me sacaron de mi ensimismamiento, vibrando con un doble sentido que me erizó la piel.

​—P... pues me gustaría... —Tragué saliva, intentando que mi voz no temblara—. Me gustaría ir de viaje. Quiero conocer el mar.

​Su mano derecha, que descansaba pesadamente sobre mi muslo, comenzó a jugar con el borde de la tela celeste, justo donde terminaba mi short y empezaba la piel sensible de mi entrepierna.

​—Vaya, ¿en serio no conoces el mar? —Parecía sorprendido, pero su tono era tan casual que resultaba aterrador. Estaba actuando con una normalidad absoluta mientras sus dedos se filtraban por debajo de la costura de mi pijama—. Definitivamente hay que arreglar eso.

​—Me gustaría una playa donde haga calor... donde se pueda nadar —balbuceé. Sentí sus dedos rozando apenas la seda de mi ropa interior, apretando mi muslo con una intensidad que era, al mismo tiempo, una caricia y una advertencia.

​El estruendo de mi madre cerrando su laptop con brusquedad hizo que ambos nos sobresaltáramos. Evan retiró la mano hacia su espacio personal con una agilidad felina, y de inmediato mi cuerpo se sintió vacío, extrañando el calor de su tacto.

​—No, no se puede —sentenció ella desde la sala, con voz cortante. Por un segundo pensé que se refería a mi deseo, pero su frustración era otra—. No se puede trabajar así. Su conversación hace demasiado ruido. Me iré al despacho y no quiero que me molesten hasta que yo lo diga, ¿de acuerdo?

​Se puso en pie sin mirarnos, dejando atrás su taza de café vacía. Escuchamos sus pasos alejarse y, finalmente, el seco portazo de su oficina al otro lado del muro de la cocina.

​El silencio que quedó era espeso, casi sólido. Evan se giró hacia mí con una intensidad que no le había visto antes. Sus ojos verdes me devoraban; parecía consciente de que el portazo no era una barrera, sino una invitación. Se acercó a mi oído, invadiendo mi espacio hasta que sentí el calor húmedo de su respiración contra mi cuello. Reposó una mano en el banco de madera, a milímetros de donde mis glúteos apenas cubiertos tocaban la superficie.

​—Qué traviesa, princesa —susurró, y su voz me causó un escalofrío que bajó directo a mi vientre—. ¿Alguna vez has dejado que alguien toque debajo de tu ropa?

​Negué rápidamente con la cabeza mientras sentía que mis mejillas ardían. Él sonrió, asintiendo con una satisfacción oscura, y se mordió el labio inferior.

​—Te enseñaré un par de cosas. Si en algún momento quieres que me detenga, solo tienes que decirlo y me alejaré.

​No pude responder; solo pude contener la respiración mientras la anticipación martilleaba contra mis costillas. Entonces, en un movimiento fluido y dominante, Evan me tomó por la cintura y me sentó sobre la barra de granito. El frío de la piedra contra mi piel desnuda me hizo soltar un jadeo ahogado.

​Con una lentitud tortuosa, separó mis rodillas y se colocó entre ellas. La calidez de sus abdominales marcados rozando mis piernas era embriagadora. Estaba ahí, frente a mí, sin camisa, sin un ápice de duda en su mirada. Retiró con delicadeza un mechón de mi cabello negro hacia atrás y depositó un beso lento en mi cuello que me hizo temblar de pies a cabeza.

​Como un balde de agua fría, la realidad me golpeó: mi madre estaba a solo unos metros, detrás de una puerta que no tenía llave. Puse mis manos sobre sus anchos hombros, intentando crear un poco de distancia.

​—Espera, para... no podemos hacer esto. Si mamá sale y...

​No pude terminar. Evan me silenció con un beso profundo y desesperado, reclamando mi boca con una urgencia que me dejó sin aliento. Cuando se separó, yo jadeaba y tenía el pulso desbocado.

​—Oh, mi pequeña Lara, no te preocupes por eso ahora —susurró contra mis labios—. Tu cuerpo delata que lo quieres tanto como yo.

​Deslizó su mano desde mi rodilla, ascendiendo por mi muslo y mi cadera hasta detenerse sobre mi pecho. Comenzó a juguetear con el pezón a través de la fina tela de la blusa; sus dedos eran ásperos, creando un contraste eléctrico con mi piel sensible.

​—Eres tan hermosa, Lara... Dios, quiero comerte completa —gruñó—. Pero tengo que ser delicado, no has estado con nadie aún, ¿verdad?

​Negué de nuevo, mareada por la mezcla de miedo y deseo.

​—Bien, Larita... entonces déjame ser el primero.

​Se inclinó y lamió la punta de mi pecho a través de la tela, transmitiendo una humedad cálida que me arrancó un pequeño gemido.

​—Debes guardar silencio —advirtió, mientras sus ojos chispeaban de malicia—. No queremos que mamá interrumpa a "papá" en este momento, ¿verdad?

​Con una mano cubrió mi boca con firmeza, y con la otra levantó mi blusa pulgada a pulgada, dejando mis pechos expuestos al aire fresco de la cocina. Capturó uno de ellos con su boca, dando un pequeño mordisco que me hizo arquear la espalda y gemir contra su palma. Se alejó solo para rodear el otro con su lengua, dándome un placer circular que no me dejaba espacio para respirar.

​—Amo cómo gimes así contra mi mano... solo para mí.

​Bajé la mirada y noté el bulto prominente que se alzaba en sus pantalones. La imagen era tan erótica que sentí cómo la humedad entre mis piernas se expandía sin control. Evan lo notó de inmediato. Se relamió los labios y bajó su mano libre hasta mi entrepierna, trazando círculos apretados sobre la tela del short, justo en mi punto más sensible. Mis caderas dieron sacudidas involuntarias ante el choque eléctrico.

​—Sí, pequeña... parece que estás lista. Mis dedos lo saben incluso a través de la ropa. Estás empapada por mí, y eso me vuelve loco.

​Apartó la tela de mi pijama hacia un lado con un movimiento experto, dejando mi intimidad totalmente expuesta. El aire se coló entre mis piernas justo antes de que él empezara a recorrer mi longitud con un solo dedo, de arriba abajo, una y otra vez. Mis piernas empezaron a temblar violentamente hasta que sentí una oleada de calor desbordarse.

​—Pequeña traviesa, te corriste para mí solo con un dedo —dijo con una sonrisa de triunfo, observando la humedad en su mano—. Definitivamente, nadie te ha tocado. Lo que está por venir te va a gustar mucho más.

Sigue leyendo este libro gratis
Escanea el código para descargar la APP
Explora y lee buenas novelas sin costo
Miles de novelas gratis en BueNovela. ¡Descarga y lee en cualquier momento!
Lee libros gratis en la app
Escanea el código para leer en la APP