—¿Aún odias Marruecos? —me preguntó ely, cuando entramos en la habitación.
—No. Fui una tonta prejuiciosa. Me ha encantado, de verdad. ¡Ha sido el amanecer más bonito que he visto en mi vida!
—Sabía que te gustaría, por eso era una sorpresa.
—Amo este lugar —dije dándole un beso lento en la boca.
Nos duchamos y le di un millón de veces las gracias por todo lo que me había mostrado de aquel país, él me besaba sonriendo y diciendo que me podía enseñar mil cosas más si no lo apartaba de mi vida.