—¡Wow, estás preciosa! —exclamó al verme.
—Bueno,te diré que tú también estás guapísimo—sonreí poniendo cara de pícara.
Estaba acostumbrada a sus trajes en la oficina, pero verle con el esmoquin y la pajarita, era otro nivel de elegancia, desde luego.
Me ofreció su brazo para que me agarrara a él, con esa media sonrisa que, sí, cada vez me ponía más nerviosa y obviamente él me gustaba un mundo, pero bueno, yo me había juradoantener las distancias.
Bajamos en el ascensor y salimos afuera atra