Merina respiraba agitadamente, tenía sus mejillas hinchadas de rubor. Rodó la mirada a su alrededor, había varios estudiantes observando lo que ahora era una escena.
—Ah… no, esto es un malentendido —le dijo a Mariana—. Valentina me intentó faltar el respeto nada más porque le pedí que se dirigiera a su salón. No es horario para estar por fuera, estamos en clases.
—¿Y por eso te crees con el derecho de golpearla? —cuestionó Mariana.
—No la iba a golpear, por favor, Mariana, sabes que yo no soy c