Valentina se acodó en la mesa y notó el rostro pálido del joven, pasaba de la sorpresa al miedo.
—En una semana te subirás en tu auto como cualquier mañana para dirigirte a tus clases en la universidad —dijo Valentina casi a susurro—, habrá amanecido lloviendo. Pero ¿qué mal podría pasarte? Es un día cualquiera y tu chofer conduce en completa calma. Pero los arrollará un camión que decidió saltarse la luz roja del semáforo. Afortunadamente no será nada grave, pero terminarás con una cicatriz en