Mientras hablaba, sus ojos volvieron una y otra vez a Valentina, quien no apartaba su mirada de él. Su semblante era sereno, pero en su interior bullían pensamientos de cómo era posible que ella pudiera predecir el accidente con tanto detalle; no podría tratarse de una casualidad, Valentina le había aclarado que no se trataba de eso, sino de que sabía perfectamente lo que sucedería a futuro.
—Lo bueno es que estás bien —dijo Mariana con un largo suspiro. En ese momento, sonó su teléfono. Mariana