61. ¿Tienes miedo?
Karla Duarte
Mientras Ciro se metía a la ducha, no pude quedarme quieta. Mi cabeza seguía dando vueltas con la conversación que habíamos tenido, como si las palabras “Montenegro” y “quedarse allá” estuvieran tatuadas en mis oídos. Necesitaba distraerme. Así que salí del cuarto y fui directo a la habitación de Marisol.
Toqué suavemente. Ella abrió casi de inmediato, con esa expresión dulce que la caracteriza.
—¿Puedo ducharme aquí, amiga? —pregunté con una sonrisa traviesa, intentando disimular