59. Celos
Sara Sandoval
Salimos del agua tomados de la mano, con la piel perlada por las gotas del mar y el cabello húmedo pegado al rostro. Ernesto se puso la camisa blanca que había dejado sobre la arena, pero pronto se tiñó con la humedad de su piel, marcando cada línea de sus músculos. No pude evitar quedarme mirándolo unos segundos más de lo debido… era la viva imagen de la perfección masculina.
Me até el pareo a la cintura cuando, de pronto, algo llamó mi atención.
—¡Mira! —exclamé, señalando haci