58. No me mires así
Sara Sandoval
El sonido insistente de mi móvil vibrando sobre la mesa de noche me arrancó del sueño. Parpadeé, desorientada, hasta que el recuerdo de dónde estaba me devolvió una sonrisa incontenible. Me incorporé lentamente, sintiendo la suavidad de las sábanas en mi piel, y mis ojos se encontraron con la imagen más hipnotizante: Ernesto, recostado boca abajo, con la espalda completamente desnuda. El sol filtrándose por el ventanal acariciaba su piel dorada, dibujando sombras en la musculatura