47. Él sí creía en ella
Sara Sandoval
El golpe en la puerta me hizo separarme de inmediato de Ernesto, que apenas despegó sus labios de los míos con una exhalación resignada. Me giré a verlo. Él se ajustó el saco con total compostura, mientras yo me alisaba el cabello con las palmas y respiraba hondo antes de abrir.
—¿Sí? —pregunté con voz firme cuando abrí.
Un hombre de complexión robusta y uniforme azul con bordado de “Offimobile” me sonrió con amabilidad.
—Buenos días, señorita. Traemos la entrega de los muebles, ¿