34. Ella lo tentaba
Sara Sandoval
Me senté en una de las banquitas de forja junto al jardín, justo debajo del ventanal de mi habitación. El aire olía a tierra húmeda y a madera vieja. A lo lejos, las voces de los peones iban apagándose conforme volvían a sus tareas. Yo solo escuchaba el murmullo de mis propios pensamientos.
Allá arriba, mi padrino Bruno y otros hombres terminaban de subir las cajas que Ernesto me había enviado.
Aún no lo podía creer.
Una parte de mí sonreía como niña en Navidad, otra se sentía abs